Cine la llegada del hombre a la luna
Es decir, y sin molestarse en entender más que lo justo, la posibilidad de que, a un nivel estrictamente cuántico, sea el futuro el que influya y determine el pasado. En lo que atañe a la relación que el cine ha mantenido con la Luna a lo largo de la historia estamos ante la demostración de que la retrocausalidad es posible y el futuro, en efecto, es ya pasado. La prueba más reciente y fidedigna es 'Apollo 11', una cinta en la que cada fotograma anuncia la posibilidad de un devenir diferente y, por fuerza, mejor. Y como ella, 'Una mujer en la Luna', de Fritz Lang, el más depurado sueño, o pesadilla, consecuencia de la industrializada y frenética 'Metrópolis' de dos años antes.
Todo eso está en el alma del documental 'Apollo 11' que, básicamente y con material de archivo inédito, reconstruye de forma meticulosa y casi física el viaje que convirtió a Armstrong, Aldrin y Collins en porvenir. Toda la película es futuro. Y lo es al reproducir la frase premonitoria de JFK pronunciada en 1961 y lo es al retratar la risa serena, justo antes de entrar en el módulo espacial, de un hombre que se sabe el centro de todos los hombres y mujeres que pueblan la Tierra. 'APOLLO 11' ANUNCIA EN CADA FOTOGRAMA LA POSIBILIDAD DE UN DEVENIR DIFERENTE Y, POR FUERZA, MEJOR.
El futuro de esta película, cuyo celuloide proviene de 1969, nada tiene que ver con el 2019 que habitamos ahora. No queda claro que fuera retrocausalidad, pero, en cualquier caso, el simple ordenamiento sucesivo de causas y efectos no explica en ningún caso la maravilla que es la cinta dirigida por Todd Douglas Miller. Si se quiere, lo que vive el espectador no difiere mucho de la propuesta hasta cierto punto fallida de Damien Chazelle en 'First man', la cinta del año pasado que convierte en ficción este mismo instante de virtud. En definitiva, 'Apollo 11' subyuga por su claridad a la hora mostrarnos el momento preciso en el que el hombre estuvo más cerca del futuro.
La película se ve, en efecto, como una suerte de éxtasis de todas las producciones que soñaron la posibilidad de un encuentro casi mágico con un destino más allá de las estrellas. De nuevo, el futuro es pasado. CON MATERIAL DE ARCHIVO INÉDITO, RECONSTRUYE DE FORMA METICULOSA Y CASI FÍSICA EL VIAJE QUE CONVIRTIÓ A ARMSTRONG, ALDRIN Y COLLINS EN PORVENIR. Y Armstrong que camina sobre la arenaY Buzz Aldrin que le imita. Y la gloria Y el futuro. Contemplado desde la pantalla del móvil, desde donde se ve todo ahora, alguien podría pensar que la llegada del hombre a la Luna no fue más que un paseo por un Everest extraño. Es una película anclada en el pasado pero con infinitamente más futuro que cualquier imagen digital y perfectamente nítida de nuestro presente.
‘Viaje a la Luna’ – George Méliès
Inspirada en la obra de Verne y en ‘Los primeros hombres en la Luna’ de H. Wells, nos dejó una de las tomas más conocidas en la historia del cine que muestra la cara de la Luna siendo impactada por un cohete impulsado por un cañón. Ha sido la primera película de ciencia ficción y desde entonces se imaginaba cómo sería la preparación de un viaje hacia la luna y también cómo se vería la luna en el espacio.
‘2001: Odisea del espacio’ – Stanley Kubrick
Años atrás la curiosidad de Kubrick por el espacio despertó gracias a una recomendación del novelista Arthur C. Clarke –quien luego coescribió el guion de la película– de comprar un telescopio.
« En una noche en la que hubo un eclipse lunar, nos arrastró a todos al balcón y pudimos ver la luna como una gran pelota de goma. » Kubrick nos regaló una poética escena en la que vemos una especie de vals espacial al ritmo de ‘El danubio azul’ alrededor de una brillante esfera azul, nuestro planeta Tierra.
El viaje a la Luna (1902)
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Un film pionero y fundacional no sólo del tema sino de la historia del cine. 117 años después de su creación, los doce minutos dirigidos, protagonizados y coloreados a manos por el francés Georges Méliès siguen siendo de una poesía ingenua irresistible. Tanto que la cara antropomorfizada de la Luna, en cuyo ojo derecho se estrella el cohete que lleva a seis astrónomos y aventureros (entre ellos el propio Méliès), sigue siendo al día de hoy de una vigencia icónica incontestable.
La mujer en la Luna (1929)
De un feminismo avant la lettre, esta vibrante aventura del genio alemán Fritz Lang fue profética en varios sentidos. La llamada "cuenta regresiva", que va de diez a cero para el despegue del cohete, se utilizó aquí por primera vez y el propio Lang se atribuyó su invento, en la necesidad de crear suspenso con la situación. La plataforma vertical y móvil de lanzamiento, las cuchetas horizontales de la tripulación para hacer frente a la fuerza de gravedad durante el despegue, y la expulsión de distintos cuerpos del cohete durante su travesía anticiparon el diseño de posteriores naves orbitales multi-etapa. Estos detalles se atribuyen al consultor de la película, el físico alemán Hermann Oberth (1894-1989), uno de los padres fundadores de la astronáutica y los cohetes espaciales.
2001 Odisea del espacio (1968)
La obra maestra de Stanley Kubrick, basada en la novela de Arthur C.Clarke, es un viaje cósmico y metafísico que excede en mucho el tema del viaje a la Luna. Pero una de sus escenas más escalofriantes es aquella que transcurre en la base lunar, donde acaba de ser exhumado de las entrañas del satélite el misterioso monolito que en el comienzo había provocado la excitación de los antecesores del hombre en la Tierra. Seis astronautas (como en el film de Méliès) llegan al sitio de la excavación y se enfrentan a lo desconocido, a lo inexplicable. Mientras, en la banda de sonido, el Réquiem del húngaro György Ligeti va in crescendo hasta que el monolito, la Luna y la Tierra quedan perfectamente alineados, a la manera de un eclipse capaz de opacar el lugar del hombre en el universo.
Los primeros hombres en la Luna (1964)
Basada en la novela homónima de H.G.Wells, esta aventura naif dirigida por Nathan Juran imagina que ya hacia 1899 el hombre (y la mujer) habían viajado a la Luna. Y tiene el modesto encanto de los efectos especiales artesanales del maestro Ray Harryhausen, con los que la película da vida no sólo a unos belicosos selenitas sino también a todo tipo de monstruos agazapados en los cráteres lunares.
Apolo 13 (1995)
"Houston, estamos en problemas" es una de las frases más famosas de la historia del cine, pronunciada por Tom Hanks en la película de Ron Howard. No fue exactamente así como lo dijo el astronauta Jim Lovell a bordo de esa nave que nunca llegó a posarse sobre la superficie lunar y cuyos tripulantes tuvieron que conformarse con verla desde lejos. Pero desde John Ford en adelante se sabe que no se imprimen los hechos sino las leyendas. Y la leyenda del Apolo 13 fue uno de los fracasos más exitosos de la carrera espacial, en la medida en que Houston logró repatriar a la nave con sus hombres sanos y salvos. Esa hazaña prototípicamente estadounidense es la que narra la película, con algunos jugosos apuntes de época, como el hecho de que en abril de 1970, menos de un año después de que Neil Armstrong hubiera puesto sus pies sobre la Luna, a la televisión ya no le interesaba transmitir en directo el viaje… hasta que Lovell, Jack Swigert y Fred Haise estuvieron en problemas.
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